En esta sección recogemos información sobre la dieta mediterránea, de la que nuestro aceite forma parte consustancial de la misma.

El aceite de oliva virgen extra del CORTIJO ALBARRACIN recoge, en su esencia, todas las palabras y propiedades que se describen en esta sección. Como verá, no solo su sabor es una razón de peso para consumirlo.

 

A- La dieta mediterránea

B- El aceite de oliva en el metabolismo lipídico

C- Cáncer y dieta mediterranea

 

 

 

 

LA DIETA MEDITERRANEA

 

La Dieta Mediterránea es una manifestación de los saludables hábitos alimentarios tradicionales de las gentes que han poblado durante miles de años la Cuenca Mediterránea.

La composición de la dieta mediterranea está basada en:

Una forma de alimentación compuesta de una combinación de ingredientes tradicionales o actualizados mediante las modernas tecnologías.

Recetas y modos de cocinar de la zona, con el aceite de oliva virgen como ingrediente de referencia..

Cultura y estilos de vida típicos del Mediterráneo.

El estado actual de los conocimientos médicos y nutricionales proporciona una clara evidencia de que los hábitos alimentarios de la Dieta Mediterránea tradicional son beneficiosos para la salud.

Las cualidades culinarias de las diversas cocinas del Mediterráneo son conocidas y apreciadas en todos los lugares del planeta, por su buen paladar y su sencillez de preparación, prueba de ello es el creciente interés internacional en la saludable Dieta Mediterránea tradicional.

Más información

 

EL ACEITE DE OLIVA EN EL METABOLISMO LIPIDICO

La cardiopatía coronaria (CHD) está relacionada con una serie de factores de riesgo como por ejemplo, el tabaco, la hipertensión arterial y la hiperlipidemia. De estos factores de riesgo, el colesterol es particularmente importante.

La evidencia de diferentes fuentes (genéticas, experimentales, resultados de ensayos clínicos), demuestra de manera consistente una relación fuerte e independiente entre el colesterol plasmático y la cardiopatía coronaria.

El descenso de los niveles de colesterol produce una reducción estadísticamente significativa de la incidencia de infartos de miocardio. Normalmente, una reducción del 1% en los niveles de colesterol produce una reducción de 2-3% del riesgo de cardiopatía coronaria.

Actualmente se entiende que existen dos tipos de colesterol: lipoproteinas de baja densidad (LDL) y lipoproteinas de alta densidad (HDL), los llamados colesterol “malo” y “bueno” respectivamente. Niveles altos de HDL colesterol reducen el riesgo de cardiopatía coronaria mientras que, niveles incrementados de LDL colesterol aumentan el riesgo de CHD. Además, niveles altos de otros tipos de grasas (triglicéridos), junto a la presencia de niveles bajos de HDL y elevados de LDL, también conlleva un alto riesgo.

Debido a la gran relación entre los factores dietéticos y los lípidos y las lipoproteinas en suero, la dieta es la piedra angular en la prevención y tratamiento de la cardiopatía coronaria. En la dieta occidental los tres ácidos grasos saturados (SFA), láurico (aceite de almendra, aceite de coco), mirístico (mantequilla, aceite de coco) y palmítico (grasa animal), comprenden el 60-70% de todos los SFA y son responsables del efecto de elevación del colesterol de la grasa saturada. El ácido esteárico, presente en la manteca de cacao, es esencialmente neutral. Una estrategia común es reducir los SFA en la dieta y remplazarlos por ácidos grasos poliinsaturados (PUFA’s), ácidos grasos monoinsaturados (MUFA’s) o por carbohidratos complejos con la finalidad de obtener un balance energético recomendable.

El PUFA más presente en la dieta es el ácido linoleico, que predomina sobretodo en los aceites vegetales ( aceite de girasol). Cuando éste substituye los SFA de la dieta, se produce una reducción significativa del colesterol total. Otros PUFA son: ácido -linolenico (fríjol de soja, aceite de semilla de colza) y ácidos eicosapentaenóico y docosahexaenoico, presentes en grasa marina y aceites (arenque, caballa), que reducen de manera efectiva los niveles de triglicéridos, con menor efecto sobre el HDL y LDL colesterol.

El MUFA de mayor presencia en la dieta es el ácido oleico, siendo la fuente de grasa que predomina en el aceite de oliva. El aceite de oliva es un componente predominante en la dieta mediterránea, a la cual contribuye con más del 15% de la energía.

Diversos estudios han demostrado que los niveles de colesterol en sangre y la incidencia de cardiopatía coronaria es mucho menor en países mediterráneos que en otros países.

Tanto los MUFA como los PUFA reducen significativamente los niveles de LDL al sustituir a los SFA de la dieta. Un consumo elevado de MUFA no alterará los niveles de HDL colesterol de manera significativa. Al examinar el nivel de LDL colesterol en sujetos alimentados mediante una dieta rica en MUFA, éste es más resistente a la oxidación. La oxidación conlleva una producción de radicales libres que es perjudicial para las células. Debido al gran consumo de MUFA en la población mediterránea durante siglos, los MUFA han sido valorados generalmente como seguros.

De acuerdo con las recientes pautas dietéticas europeas y americanas , tanto la reducción de grasas como la modificación del tipo de grasa de la dieta son importantes. El consumo de aceite de oliva aumenta la ingesta de MUFA, sin elevación significativa de las SFA y asegura un consumo apropiado de PUFA esencial. De este modo, éste puede aportar una contribución valiosa a la dieta saludable, reduciendo el riesgo de cardiopatía coronaria.

CÁNCER Y DIETA MEDITERRÁNEA

A. Papel del peso corporal

La obesidad es un factor de riesgo claro para el cáncer de mama postmenopáusico, cáncer de próstata, endometrio y vesícula biliar. Probablemente es también un factor de riesgo para el carcinoma de células renales y carcinoma de cérvix. El mensaje de salud pública es "evitar la obesidad y el sobrepeso". Esto se confirma mediante la relación existente entre la obesidad y enfermedades como la cardiopatía, diabetes, cálculos biliares, etc... Como se comentó en documentos anteriores, la Dieta Mediterránea es aconsejable para la prevención de la obesidad y de este modo para el cáncer relacionado con ésta.

B. Papel de la grasa de la dieta

Estudios de población demuestran que el consumo total de grasa se asocia con el cáncer de diferentes localizaciones, particularmente colon, mama, endometrio, ovario y próstata. Todas estas neoplasias se relacionan con la dieta de tipo occidental y con un consumo excesivo de energía. De todos modos, el mensaje de salud pública no está claro, ya que estudios prospectivos en cáncer de mama no han demostrado ninguna relación con el consumo de grasa total, y un estudio sobre cáncer gástrico sugiere el efecto protector del consumo de grasa derivada de carne y derivados lácticos, en el cáncer gástrico.

Estudios de correlación internacionales sugieren que el tipo de grasa dietética es importante en la etiología del cáncer relacionado con la grasa. El consumo de grasa animal per cápita se correlaciona positivamente con los índices de mortalidad por cáncer de colon, próstata, mama y ovario. La relación entre el consumo de grasa animal y el riesgo de cáncer colorectal es particularmente fuerte. En contraste, los índices de mortalidad por cáncer de colon son relativamente bajos en Grecia, España y el sur de Italia, donde el consumo de grasa animal es bajo y el aceite de Oliva es el tipo de grasa consumida más común. Hasta ahora, las grasas y aceites vegetales se consideraban neutrales respecto al riesgo de cáncer. Pero, análisis recientes sugieren que el aceite de oliva podría tener efectos protectores contra el cáncer de diferentes localizaciones, particularmente cáncer de mama. En estudios humanos el papel de los PUFA's de la serie parece neutral respecto al riesgo de cáncer. De todos modos, el papel de los PUFA parece menos claro cuando se realizan estudios animales. Se han realizado investigaciones en animales que indican que los PUFA parecen favorecer más el incremento de riesgo de cáncer que otros tipos de ácidos grasos.

C. Papel de las proteínas

No hay evidencia que demuestre la relación independiente entre el consumo de proteínas y el riesgo de cáncer.

D. Papel de los carbohidratos complejos y la fibra dietética.

No está claro qué componente de los carbohidratos complejos totales proporciona el efecto protector que se observa. Los cereales parecen altamente protectores contra el cáncer de colon, mama, endometrio y próstata. Se ha confirmado mediante un estudio prospectivo el efecto protector de los alimentos ricos en fibra contra el cáncer colorectal.

E. Papel de la fruta y los vegetales

La evidencia epidemiológica demuestra que un alto consumo de fruta y vegetales, particularmente vegetales crudos, protege contra el cáncer de diferente localización, especialmente los del tracto digestivo y respiratorio y los cánceres relacionados con las hormonas. Tienen una acción anticarcinogénica en una amplia gama de localizaciones y no existe una correlación positiva entre el consumo de vegetales y fruta y cáncer. Contienen una variedad de agentes anticarcinogénicos: carotenoides, vitamina C y E, fibra dietética, selenio, glucosinolato, índoles, flavenoides, inhibidores de proteasas y esteroles de plantas. Hasta ahora sólo se ha demostrado la acción de las vitaminas antioxidantes y provitaminas en estudios epidemiológicos en humanos. De todas formas, parece que no es sólo un agente exclusivamente el que funciona como factor protector, sino que cada uno de ellos posee un papel protector según las circunstancias.

F. Papel del aceite de oliva en el cáncer

Varios estudios epidemiológicos indican que un consumo regular de aceite de oliva está inversamente relacionado con el cáncer de diferente localización. La mayoría de estudios comentan la relación entre el aceite de oliva y cáncer de mama o gástrico. A pesar de que se necesitan más trabajos de investigación, la evidencia existente de una manera consistente, aunque no concluyente, apoya el papel protector del aceite de oliva en la prevención del cáncer de mama. El papel protector del aceite de oliva en el cáncer gástrico es menos claro. La única conclusión que se puede sacar en claro por el momento en relación con la prevención del cáncer gástrico es que, el incremento en el consumo de fruta y vegetales, parece ser favorable. A pesar de que existen descubrimientos que sugieren el efecto protector del aceite de oliva en cánceres de otras localizaciones; colon, endometrio, ovario, la evidencia es limitada, porque el número de estudios es limitado, y sus resultados no pueden ser más que una aproximación a un posible efecto. De todos modos, ningún estudio demostraría un efecto del aceite de oliva como promotor tumoral.

G. Recomendaciones internacionales para la prevención del cáncer

Existe un consenso general que proporciona a la dieta un papel importante en la etiología del cáncer. La evidencia científica deriva primordialmente de estudios epidemiológicos, así como de experimentos animales e in vitro. De este modo, se sabe qué alimentos o grupos de alimentos están más fuertemente relacionados con el riesgo de cáncer que los nutrientes, y para determinados alimentos los resultados no son persuasivos o consistentes. No existen estudios de intervención bien diseñados, y estrictamente controlados en humanos que podrían apoyar con firmeza el papel de alimentos aislados o nutrientes en la prevención del cáncer. Así que la evidencia científica con recomendaciones detalladas para la prevención del cáncer es limitada.

Varias autoridades sanitarias han realizado recomendaciones dietéticas para la prevención del cáncer. La pauta reciente de la American Cáncer Society consiste en 6 puntos:

- 1. Evitar la obesidad.

- 2. Rebajar el consumo total de grasa.

- 3. Incluir variedad de vegetales y fruta en la dieta diaria.

- 4. Consumir más alimentos ricos en fibra, como cereales en grano, vegetales y fruta.

- 5. Consumo limitado de bebidas alcohólicas.

- 6. Consumo limitado de alimentos ahumados, salados y curados con nitratos.

El National Cancer Institute da recomendaciones similares, pero sus directrices difieren de las del American Cancer Society al especificar que los niveles del consumo de nutrientes en la población general (grasas no superior al 30% del total de las calorías totales y 20-30 gramos de fibra dietética diaria). Los Estados Unidos han empezado a poner en práctica estas pautas mediante un programa nacional llamado "5-a-day for better health programme", extendido a través de supermercados, restaurantes, medios de comunicación, público e investigación. Las recomendaciones son: consumir principalmente alimentos vegetales, comer cinco o más piezas de fruta y vegetales al día, y además, comer seis o más porciones de pan, cereales y fibra.

"Europ against Cancer", es un programa de la Comisión Europea que plantea una serie de recomendaciones sobre nutrición y dieta:

- 1. Incrementar el consumo diario de fruta fresca y vegetales, así como de productos ricos en grano de fibra.

- 2. Evitar la obesidad, incrementar la actividad física de un modo regular, y limitar el consumo de alimentos ricos en grasa.

- 3. Reducir el consumo de alcohol.

Entre los resultados de la conferencia WHO de Noviembre de 1996: "Nutrition in prevention and therapy of cancer", como pauta general para reducir el riesgo de cáncer se comentó que la fruta, vegetales y cereales integrales deberían ser los componentes principales de la dieta diaria. Para contribuir a la reducción del riesgo de cáncer, se debe evitar la obesidad, consumo elevado de alcohol, así como llevar a cabo una actividad física regular. Además, se estableció que no existe ninguna dieta con la cual se pueda curar el cáncer de colon, mama y pulmón.